Siendo amados como familia (5)
Efesios 3:14-21 destaca la forma en que Dios moldea el crecimiento individual cristiano dentro del cuerpo. Por años, leí y enseñé sobre este pasaje enfocándome primordialmente en el cambio individual y la relación con Cristo. Fallé en conectar la vida personal del cristiano y la santificación, al cuerpo más grande de Dios. Sin embargo, Pablo está ansioso de ver al Judío y al Gentil viviendo en comunidad, aún cuando no podría haber habido una noción más radical que la idea de judíos y gentiles estando en igualdad de condiciones con Dios y consigo mismos. La tensión que existía entre los Judíos y los Gentiles en el primer siglo era más profunda que las divisiones étnicas y raciales que existen en Estados Unidos hoy en día. En vista de esta tensión, Pablo aplica constantemente el mensaje de gracia a individuos, pero individuos que están en comunidad el uno con el otro. Esta perspectiva debería de impedirnos leer Efesios 3:14-21 desde el punto de vista individualista.
Por esta razón me arrodillo delante del Padre, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios. Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡A él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén.
Mientras Pablo ora, anhela que los creyentes de Éfeso capturen la naturaleza del amor de Dios hacia ellos en Cristo. Su oración ciertamente refleja su deseo de que individuos conozcan a Dios y entiendan su amor, sin embargo este conocimiento y “poder por medio de su Espíritu” llega a un grupo de individuos viviendo en comunión con Dios y el uno con el otro.
Analiza el lenguaje que utiliza Pablo. ¿Te hace sentir lo grande que es el amor de Cristo? ¿Te puedes imaginar lo que tomaría para que realmente lo pudieras sentir? El amor de Cristo es tan ancho, largo, alto, y profundo (en otras palabras, infinito) que no podemos ver este amor ni experimentarlo en su totalidad como los seres finitos que somos. Necesitamos la fuerza de Dios para comprenderlo y captarlo “junto con todos los santos” (18). Se parece mucho a un jurado que depende de doce mentes diferentes para llegar a un completo entendimiento de la verdad. Cuando estamos en relaciones profundas unos con otros, cada uno de nosotros trae una perspectiva y experiencia única a nuestro conocimiento del amor de Cristo. Una persona ha sido rescatada de una adicción amenazadora. Otro ha pasado por gran sufrimiento. Otro más ha sido sostenido por la gracia de Dios en un matrimonio problemático. Y se puede extender la lista. Cuando nos reunimos para compartir nuestras historias, vemos una faceta diferente del diamante que es el amor de Dios. Juntos, nuestro entendimiento y experiencia del infinito amor de Dios se vuelve más completo, más fuerte, más profundo. No solamente estamos siendo fortalecidos en nuestro crecimiento individual en gracia, sino que también ¡El cuerpo completo se fortalece por medio de sentir más plenamente el poder y esperanza de la gracia de Dios! Aunque la vida Cristiana se vive como individuo, ¡Es muchísimo más que eso!
La oración de Pablo es que la gente de Efeso pudiera, en conjunto, estar arraigada y establecida en amor. Es la única forma en que podrá llenarse de la plenitud y poder de Dios. Como individuos aislados, no podemos llegar al nivel de madurez que Dios ha diseñado para nosotros. Únicamente podemos llegar a este nivel cuando vivimos en una amorosa comunidad redentora donde celebramos las diferentes facetas del evangelio. Más adelante en Efesios 4, vemos que Pablo sigue su oración con varias instrucciones prácticas sobre cómo buscar y preservar la unidad de esta comunidad. Nuestra transformación personal debe ser producida dentro de la familia de Dios. El evangelio no es simplemente mejor percibido y experimentado dentro de una comunidad, sino que es la base de una comunidad.
Si, como vemos en Efesios 4:4-6, Dios mismo vive en comunidad, ¿Podemos nosotros esperar algo diferente para nosotros? Si su plan redentor le causó entrar nuestro mundo y acercarse a nosotros, ¿Deberíamos de estar sorprendidos que llama a sus hijos a hacer lo mismo unos con otros (4:1-3)? Las cosas que hacemos para disfrutar un profundo compañerismo con Dios y entre nosotros mismos son las mismas cosas que nos hacen menos egocéntricos y más como Cristo. ¡Éste es el cambio que él busca!
En la iglesia que yo pastoreaba, individuos y familias siempre llegaban a una conciencia más profunda de la gracia de Cristo cuando la experimentaban a través de una comunidad de creyentes. Recuerdo una familia que estaba batallando espiritualmente. Pasaron por una época de sufrimiento en la que una docena o más de hermanos y hermanas en Cristo les brindaron su ayuda. También estaban conscientes de que la iglesia estaba orando por ellos regularmente. A medida que esta familia convivía con individuos, familias, y la congregación en general durante esta prueba, su fe se fortaleció. Su presencia los domingos por la mañana dejo de ser algo simplemente de rutina y se empezaron a involucrar crecientemente en la alabanza. En un punto, me llegué a preguntar si lograrían terminar el servicio sin aburrirse, pero después de su experiencia de comunidad, estuvieron más involucrados cuando se cantaban canciones, se compartían testimonios, y se celebraba la Santa Cena. ¡Hasta llegaron a recordar las predicaciones!
Tiempo después, les pregunté qué es lo que había marcado la diferencia. Sin dudar, describieron como habían visto la gracia de Dios en aquellos que los habían ayudado. Fue una combinación de ver el evangelio de una forma práctica y las relaciones personales que se habían formado. En varias ocasiones, sus amigos compartieron historias de cómo Dios los había fortalecido en medio de una prueba. También oraban con la familia. Dios había causado que esta familia se volviera dependiente del cuerpo de Cristo, y por medio de ello, llegaron a captar, junto con otros cristianos, la profundidad y belleza del evangelio. Tales amistades son claramente una de las formas principales en que Dios nos hace crecer.
Traducido por Ivette Acevedo y editado por Ruth Zurielly Martinez
de How People Change por Timothy S. Lane y Paul David Tripp (Greensboro, NC: New Growth Press, 2008).

