Viviendo en comunidad como Dios mismo (2)

mayo 14, 2009 by Peter  
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¿Alguna vez has pensado en por qué es tan importante vivir en comunidad? Tu respuesta inmediata probablemente enfatiza los beneficios personales de buenas amistades. Aunque estos tienen valor, la razón más importante para la comunidad es que ¡Dios mismo vive en comunidad!¿Suena raro? No debe de ser así. Dios vive en comunidad dentro de Él mismo. Padre, Hijo, y Espíritu Santo viven en armonía, amor, y unidad perfecta. Comenzamos nuestra discusión de la importancia de la comunidad en donde comienza toda buena teología: con Dios. Cuando seguimos esta estrategia, cambia radicalmente la forma en que pensamos en las relaciones. Se convierten en algo Dios-céntrico y no hombre-céntrico.

Todo lo que cada miembro de la Trinidad es y hace siempre sucede en unión con los demás. Fuimos hechos a imagen de este Dios glorioso. ¿Nos debe de sorprender, entonces, que este anhelo profundo de intimidad y relaciones esté entretejido en la tela de nuestra naturaleza? Los seres humanos desean arduamente conectarse porque para este fin fuimos hechos. Con la entrada del pecado, este anhelo fue corrumpido y facilmente se convirtío en idolatría. Por el pecado, queremos encontrar toda nuestra esperanza para las relaciones en otros seres humanos. Si no sacamos lo que queremos de estas relaciones, muchas veces hacemos cosas dañinas o pecaminosas. Nuestro acercamiento a las relaciones suele ser egocéntrico.

Pero Dios es un Dios redentor que hace algo totalmente asombroso para reconciliarnos con él y con otros. El evangelio abre la puerta a amistades en donde podemos ser conformados a la imagen de Cristo mismo. Hablando de esta nueva comunidad, la iglesia, Pablo claramente considera ésto. En Efesios 4:1-6, Pablo pasa de hablar de nuestra gran salvación en los primeros tres capítulos a la nueva comunidad humana a la cual hemos sido unidos. Comienza a instruir a la iglesia en la forma práctica en que se vive el evangelio en la vida cotidiana y las relaciones:

1 Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

A la luz de la inmensa gracia de Dios, Pablo llama a los miembros de esta nueva comunidad a entrar en relaciones con sus hermanos y hermanas cristianas con humildad, mansedumbre, paciencia y amor. Anima a la iglesia a ser ciudadosa en guardar la unidad del Espíritu; no les dice que la deben de crear, porque ya es un hecho. Cuando confías en Cristo, de inmediato entras en compañerismo con la fuente del amor, el Dios trino, y con su familia, la iglesia. En luz de esta realidad, haz todo esfuerzo para asegurarte que tus relaciones reflejen la unidad y amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo comienza, continúa, y terminará con Dios en el centro.

Pablo basa este llamado a la comunidad en la obra redentora de la Trinidad. Nota como la palabra “uno” es usada en los versiculos 4 al 6. Cada uso esta conectado con un miembro de la Trinidad. Hay un Espíritu trabajando en un cuerpo. Hay un Señor por el cual tenemos una esperanza, una fe, un bautismo. Hay un Padre quién es sobre una familia, la iglesia. Todas las bendiciones son nuestras por lo que ha hecho la Trinidad en la creación y la redención.

Traducido por Ruth Zurielly Martinez
de How People Change por Timothy S. Lane y Paul David Tripp (Greensboro, NC: New Growth Press, 2008).

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